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El Hermitage, distopía cultural

Museo Hermitage en San Petersburgo / Gtres
Museo Hermitage en San Petersburgo / Gtres
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El Hermitage, el gran museo de San Petersburgo, ha visto cómo su propuesta de nueva sede en Barcelona se ha encontrado con la falta de apoyo de la administración local. Se veta un proyecto ganador de, nada menos, Toyo Ito, premio Pritzker de arquitectura, cuyo emplazamiento sería la bocana norte del puerto. El Ayuntamiento ha emitido cuatro informes que exponen "dudas sobre la idoneidad del emplazamiento", estando abierto a una "reformulación" del proyecto, así como a ubicaciones alternativas, de encaje complejo. Uno de esos cuatro informes, el cultural, se titula ‘Barcelona no necesita el Hermitage’, y no es fake news. Madrid salta a la palestra en el intento de que nuestro país y la propia ciudad se vean favorecidos por esta oportunidad cultural que potencia el turismo de calidad.

La semana pasada escribía Anna Gener, CEO de Savills Aguirre Newman Barcelona y Patrona Fundació Museu Picasso, un artículo en El Periódico: “sobre el Hermitage en Barcelona”. Voz acreditada desde el punto de vista cultural y del funcionamiento urbanístico, financiero y turístico de esta gran ciudad que le apasiona, incide en la necesidad de que el proyecto sea rentable para los inversores privados. Esta circunstancia estriba en que la ubicación sea favorable. Parece obvio. En mi opinión, es sabido que los políticos rara vez dirán que no a algo para lo que no existen motivos de peso. Ofrecerán otras alternativas que lo harán inviable.

A todo esto, debemos sumar el reciente portazo y de muy malas maneras al Museo del Prado por parte de la Ciudad Condal. Se propuso un acuerdo de cesión del edificio –estatal- del Banco de España en la Plaza de Cataluña para acoger una subsede, coincidiendo con el 200 aniversario de la celebérrima pinacoteca. Lo rechazó el independentismo por “colonialista”.

En este relato de sinrazones en relación con la cultura y la ciudad, Madrid no es ajena. Fue el caso del malogrado Museo de las Artes de la Arquitectura planteado por la Fundación Ambasz. Se emplazaría en el número 30 del Paseo del Prado, esquina con la calle Gobernador, edificio cedido por el Ayuntamiento a cambio de una inversión de 10 millones de euros por parte de la mencionada Fundación. Una ubicación privilegiada, junto al CaixaForum y frente al Real Jardín Botánico. Contaría con una colección permanente de arte, arquitectura y urbanismo revolucionario y sostenible, así como exposiciones temporales y conferencias dedicadas a los artistas más destacados y a aquellos que creen en la fusión entre arquitectura y naturaleza, de la que Emilio Ambasz es pionero y embajador en el mundo.

En tiempos de Carmena, el edificio existente donde debería ir el Museo, fue okupado por ‘La ingobernable’ ante la pasividad de la corporación local. Tanto es así que terminó indemnizando a la Fundación Ambasz con 1,4 millones de euros para rescindir la cesión del edificio. Pagar por nada, para alojar a unos okupas, de esos que hacen actividades vecinales imprescindibles. En la actualidad, después de las últimas elecciones, se ha desalojado el edificio.

Todo este relato distópico cultural, incomprensible, contrasta con los denodados esfuerzos de muchas ciudades por configurarse como destinos culturales sobresalientes, como añadido a sus atractivos propios. Destacan ciudades como Bilbao –efecto Guggenheim-, Santander con el Centro Botín a la cabeza o Málaga con el Museo Picasso, el Centro Pompidou con su particular cubo y el Museo Carmen Thyssen entre otros. Quiero seguir pensando que el saber no ocupa lugar.

Ignacio Ortiz es Ingeniero de Caminos con especialidad en Urbanismo y Ordenación del Territorio. Miembro del Comité Técnico ‘Ciudades, Territorio y Cultura’ del Colegio de Caminos. Director de Investigación de Mercados en ACTIVUM, compañía de servicios inmobiliarios. Es autor del blog Entorno Habitable.